Tuve la suerte de vislumbrar la pandemia con algunas semanas de antelación. Lo primero que percibí fue el miedo: miedo en nuestra gente, en nuestros clientes, en nuestras familias. Entendí que lo primero era superar ese miedo.
Me fijé tres prioridades: garantizar la supervivencia financiera (renegociando estructuras y aplicando una gestión de costos estricta), hablar con las personas y proponer un pacto para que nadie quedara atrás, y hablar con nuestros clientes para ayudarnos mutuamente. Juntos diseñamos nuevos servicios que nos permitieron reinventarnos.
La pandemia nos mostró brutalmente la diferencia entre lo que podemos controlar y lo que no. Saber hacer esta distinción y enfocar la energía en lo controlable es lo que en Axialent llamamos “responsabilidad incondicional”: junto con el cuidado de las personas, son las claves para salir de una crisis con más conciencia y sabiduría.