Los viajes llegan a su fin y la vida continúa. Los comportamientos de los líderes, por bien intencionados que sean, no son suficientes para consolidar una cultura en transformación. La cultura necesita estar anclada en sistemas para perdurar.
Los sistemas son para la organización lo que los comportamientos son para los individuos: procedimientos, políticas y prácticas que moldean las acciones colectivas. Un ejemplo: un cliente de Axialent decidió terminar con su estilo de liderazgo jerárquico. Su manifiesto los llamaba a ser “líderes servidores”. Sin embargo, sus protocolos de reunión permanecieron sin cambios. La cultura solo comenzó a transformarse cuando los ejecutivos bajaron al piso donde los equipos trabajaban y preguntaron cuando les tocaba su turno.
Los mejores equipos comprenden que: el camino está lleno de curvas, no pueden bajar la guardia, deben eliminar la infraestructura inapropiada que frena su impulso, y han encontrado el propósito que los mueve. Hay un legado que dejar, y ya han decidido cuál quieren que sea.