Cuando estamos en una posición de liderazgo, debemos desafiarnos no solo a mantener nuestro centro, sino también a estar en nuestro mejor nivel para ayudar a quienes nos rodean. Antes de hacerlos equivocados, intentemos hacerlos correctos.
¿Cómo lo hacemos?
- Validar su historia: Hacerlos sentir seguros y comprendidos.
- Hacer preguntas que empoderen: “Si tuvieras una varita mágica, ¿qué estaría pasando ahora?” “¿Qué está bajo tu control?”
- Escuchar sin juzgar.
- Pasar de las ideas a las acciones: “¿Cuál podría ser tu próximo movimiento al que te comprometés a intentar?”