La innovación suena bien, se ve bien, pero no siempre se siente bien. Hacer que la innovación ocurra en una organización grande es un proceso arduo, muy parecido a tener una rueda pinchada: cuando intentás aflojar las tuercas solo y no podés, el problema no es la rueda ni la solución. El problema es el significado que le das a tu incapacidad.
Cuando llamé al servicio de auxilio, el técnico llegó sin ningún juicio, trajo una llave diferente, un martillo y un tubo como palanca. Todo lo que necesitaba eran algunas herramientas adicionales.
Así funciona la innovación en una corporación. Cuando un problema aparentemente simple te bloquea, la clave está en dominar las emociones y ser consciente de la mentalidad que estás usando. La mentalidad de conocedor hace el problema personal: “Debería saber esto.” La mentalidad de aprendiz permite reconocer que no tenemos que saberlo todo y que podemos pedir ayuda. Como líder de innovación, no tenés que hacerlo solo. Las “tuercas” pueden ser un proceso obsoleto, una mentalidad adversa al riesgo o un equipo frustrado.