En tiempos de cambio disruptivo, las personas necesitan abrazar dos capacidades: operar en el presente y prepararse para el futuro. La curiosidad está teniendo un resurgimiento: su uso en publicaciones de empleo ha crecido un 90% año tras año según LinkedIn.
Nuestro mundo es VUCA —volátil, incierto, complejo y ambiguo—. No podemos resolver nuestros problemas solo con el conocimiento del pasado, porque las variables cambian constantemente. Esto requiere apertura a nuevas realidades y una mentalidad curiosa.
Para crear una cultura de curiosidad, las personas no pueden tener miedo de equivocarse ni de decir verdades difíciles. Deben existir culturas de aprendizaje, donde la mentalidad de aprendiz —en contraposición a la mentalidad de experto— sea valorada. El aprendiz entiende que su percepción es “su” verdad y que otras verdades también pueden existir.
La cultura curiosa se construye con comportamientos (líderes que hacen preguntas sinceras), símbolos (personas cuyas fallas productivas las llevan a ser promovidas) y sistemas (aprendizaje que mide lo aprendido, no las horas de capacitación).