La curiosidad es estratégicamente muy importante, pero a menudo se da por sentada. Después de un período de éxito, las empresas se vuelven menos curiosas y empiezan a replicar fórmulas del pasado —como Blockbuster, Toys R Us y Kodak, que no estuvieron preparados cuando sus industrias cambiaron.
Los líderes tienen el doble de probabilidades de afirmar que su organización apoya la curiosidad en comparación con sus colaboradores. Después de 3 años en el mismo rol, la curiosidad de un colaborador disminuye. Solo el 23% de los gerentes de primera línea pregunta a sus subordinados cómo están haciéndolo.
Empresas como Microsoft transformaron su cultura pasando de una mentalidad de “saberlo todo” a “aprenderlo todo”. Tres conceptos para mejorar la curiosidad: conciencia (¿cuán consciente eres de cómo te presentás?), intencionalidad (en la adopción e invitación de la curiosidad) y medición (herramientas de evaluación disponibles).